Un autre site web est possible !
Vous naviguez actuellement sur l'ancien site d'Attac France. Visitez le nouveau site de l'association : http://france.attac.org

03 - Los actores de la globalización
article publié le 20/08/2001
auteur-e(s) : Rqic

En su forma más general, la globalización es un proceso antiguo. Los grandes imperios de la Antigüedad empujaron sus conquistas tan lejos como sus ejércitos podían llevarlas. Más tarde, los imperios coloniales, en nombre del interés superior de la metrópolis, impusieron sus leyes y sus prioridades al conjunto de los continentes del planeta.


New Page 2

¿La Mundialisación de qué, como, por qué?

 

Primera parte: los protagonistas de la mundialización

Para empezar, es necesario presentar a los protagonistas de la mundializacion y para ello vamos a dividirlos en cuatro grandes grupos. Empezaremos por los gobiernos; término que preferimos al de Estado que tiene el inconveniente de ser demasiado abstracto y que nos induce a subestimar algunas veces hasta qué punto el poder está en el corazón de la política. En ese sentido todos los gobiernos, hasta los que dirigen Estados llamados débiles o subalternos, disponen siempre de un poder que les permite elegir entre varias opciones, o no elegir, representar o no a sus comitentes, intervenir o no en la economía y la sociedad.

El segundo protagonista será el conjunto de las instituciones financieras internacionales. Le hemos dado un estatuto semejante al de los otros tres protagonistas, a pesar que esas organizaciones, al menos en teoría, dependen de los estados que son miembros, es decir en definitiva los mismos gobiernos que les confían mandatos y vigilan su aplicación. Sin embargo, vamos a tratarlas de manera separada a causa de la influencia que algunas de esas instituciones ejercen, sobre todo en el campo de la economía y también por su aparente autonomía.

Los dos otros protagonistas son, respectivamente, las corporaciones transnacionales (CTN) y el conjunto de las ciudadanas y ciudadanos.

1 - Los gobiernos

En primer plano tenemos los gobiernos que aplican, por su propia voluntad cuando se trata de países desarrollados o cuando son alumnos modelo como Chile o México; o por la fuerza cuando no lo son, las políticas macroeconómicas definidas a nivel global en el seno de las grandes organizaciones económicas de las cuales son miembros y donde los países ricos ejercen una influencia preponderante. Entre todas esas políticas económicas, algunas como las políticas tarifarias, comerciales o las políticas de inversión son objeto de alianzas entre asociados privilegiados que negocian y firman acuerdos llamados regionales, que en realidad son acuerdos entre algunos países. Así, los Estados Unidos han abierto el baile firmando un primer acuerdo bilateral con Israel en 1985, poco después hubo un segundo acuerdo bilateral con Canadá en 1989, seguido de un acuerdo trilateral, que incluía esta vez México, el Acuerdo de librecambio norteamericano (ALENA) en 1994. En diciembre del mismo año, la Casa Blanca convocó la Primera Cumbre de jefes de Estado y de gobierno de las Américas que debía abrir las negociaciones en vista de crear una Zona de librecambio de las Américas (ZLA) que reuniría 34 asociados de los dos hemisferios, sin Cuba, en un Acuerdo de librecambio de las Américas (ALA) que entraría en vigor en 2005.

Actualmente, las negociaciones sobre el librecambio conducen a efectuar concesiones de ambas partes sin que las ciudadanas y los ciudadanos estén informados de lo que está en juego y de las consecuencias de los acuerdos a los que subscriben los gobiernos. Es precisamente sobre este punto preciso que nos enfrentamos a un problema mayor que encontramos, ahora, muy a menudo en las Américas. Los gobiernos que negocian acuerdos, uno atrás del otro son gobiernos "elegidos democráticamente" como se presentan ellos mismos y como lo afirman cuando llevan a cabo negociaciones entre los 34, excluyendo a Cuba que no cumple con esta exigencia. Sin embargo, también es cierto que tenemos enfrente a una democracia de ejecutivos, una expresión que sirve para designar el proceso gracias al cual esos ejecutivos se otorgan un conjunto de prerrogativas de las que no rinden cuentas ni al pueblo ni a sus propios poderes legislativos.

En la mayoría de los casos, en efecto, los poderes legislativos son puestos al corriente después del resultado de las negociaciones. Además, cuando los textos de los tratados se discuten en las legislaciones nacionales, tal como ha ocurrido en Canadá, cuando el gobierno federal ha sancionado la ley que trata sobre la aplicación de los términos de la ALENA, o cuando la Asamblea Nacional hizo lo mismo, al contrario de Ontario, dicho sea de paso, los legisladores se contentan de aprobar los acuerdos tal cual. Todo el proceso de la negociación y de la aprobación de los acuerdos de librecambio está, por ello, marcado por un importante déficit democrático. Testigo de la amplitud de este déficit, por ejemplo, el hecho que los partidos políticos rivales, que defienden enfoques contradictorios respecto al librecambio, ven a sus ejecutivos retomar la línea política del ejecutivo precedente, tal como ha ocurrido tanto en los Estados Unidos con el demócrata Clinton, que retoma el proyecto del republicano Bush, como en Canadá, con el Primer Ministro Chrétien que continúa el enfoque de su predecesor Mulroney, después de haberlo condenado mientras era jefe de la oposición. También testimonia del déficit democrático este otro hecho, sin duda revelador, que estos ejecutivos responden más a las instituciones económicas internacionales o a las grandes empresas, que a sus propios electores.

Vemos una reacción interesante y reveladora al mismo tiempo de estas transformaciones y contradicciones en la iniciativa que tomó la Asamblea nacional en Quebec de convocar la primera conferencia de parlamentarios de las Américas en 1997, la COPAM. Se trataba de reunir los 35 parlamentos centrales, incluido Cuba, 164 parlamentos infraestáticos de las Américas y los 5 parlamentos supranacionales. Uno de los temas centrales de las discusiones fue, precisamente, la función de los diputados frente a la progresión de la integración económica tal como es negociada entre los ejecutivos a la hora actual y la Declaración final deplora precisamente la evolución en curso de este capítulo.

2 – Las instituciones económicas internacionales

Sin duda, algunas grandes instituciones económicas, así como las organizaciones internacionales y regionales son los principales vectores de la mundialización a la hora actual. Por ello le otorgamos un lugar aparte en tanto que protagonista de la mundialización. Para comprender su papel y el lugar que ocupan en la estrategia de la mundialización, es interesante establecer una lista del conjunto. Encabezando esa lista, tenemos, seguramente, algunas grandes organizaciones económicas internacionales como el Banco Mundial de Reconstrucción y Desarrollo (BIRD) y otras agencias, más conocidas bajo el nombre de Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), ambos creados durante la Conferencia de Bretton Woods, en 1944, así como la Organización del Comercio (OMC), creada en 1994, que sucedió al GATT, nacido en 1947.

Después, tenemos organizaciones económicas regionales cuyo radio de acción se despliega a escala continental, como la Comisión para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (CEPALC) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), los cuales juegan un papel muy importante en el proceso de integración de las Américas.

Por último, siempre a nivel económico, tenemos organizaciones que reúnen países a partir de afinidades objetivas, el hecho de ser o no ser rico, por ejemplo, como es el caso de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), que comprende 29 miembros, 27 que se cuentan entre los países más desarrollados, y Turquía y México que no lo son. A esto habría que agregar una entidad que no es una organización en sentido estricto, pero que no por ello deja de jugar un papel determinante en la definición de los grandes parámetros de una economía política común por parte de los participantes a esas conferencias que tienen lugar sobre una base anual, se trata de las reuniones del G-7, es decir del grupo de los siete países más desarrollados que reciben en algunas ocasiones a un representante de la Unión Europea (UE) y al presidente de Rusia, lo que hace un G-7+2, a veces un G-8. Así, durante el G-7 de Halifax, en 1995, los participantes decidieron continuar con la política de reducción del déficit presupuestario. En Canadá, como en Estados Unidos, esta política se explica en rigor como política del “déficit cero”, política que fue después retomada con una perfecta unanimidad por el gobierno federal, así como por todos y cada uno de los gobiernos provinciales de todas las tendencias.

Al lado de estas organizaciones de vocación económica, existe toda una panoplia de organizaciones de vocación política, que podríamos clasificar, como lo hemos estado haciendo para las organizaciones económicas, distinguiendo una organización universal, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y las organizaciones regionales, la Organizaciones de los Estados Americanos (OEA), por ejemplo, que también juega un papel importante en los procesos de integración de las Américas. También existen, igualmente instancias que no son organizaciones sino foros, como el Foro Económico de Davos (véase anexo 1).

Por último, conviene citar las organizaciones o los encuentros anuales que apuntan a favorecer los intercambios y la integración entre algunos países, incluso entre estados americanos y provincias, como es el caso de la reunión anual de los gobernadores y primeros ministros de la costa este.

Por supuestos, todas estas organizaciones y encuentros están financiados y dirigidos por los Estados miembros y, por regla general, la contribución está en relación con el poder económico, lo que no cambiaría nada, si cada país dispusiera de un solo voto en la toma de decisión, pero no es el caso, en particular, en el seno de las organizaciones económicas como el BM o el FMI, donde el peso político se establece en función del aporte financiero de los miembros. Y, como los Estados Unidos proveen la contribución más importante, son ellos los que tienen el peso más grande, lo que no quiere decir que no hay consenso entre los miembros en la toma de decisiones.

3 – Las multinacionales (CTN)

El fenómeno de la mundialización, o aún, de la transnacionalización de las actividades de las empresas es sin duda, el fenómeno fundamental de este fin de siglo.

La globalización es impulsada por las CTN que globalizan su propio proceso de producción y que presionan a los gobiernos para que adopten leyes que permitan que el mercado se haga cargo de la producción y la repartición de los bienes colectivos. Actualmente habrían unas 40.000 CTN en todo el mundo, de las cuales, sólo 4.000 en los países menos desarrollados.

Su peso económico excede el de países importantes. Por ejemplo, en 1968, en términos de peso económico, General Motors llegaba al lugar 18° antes de Alemania del este, Bélgica y Suiza. En 1982, Canadian Pacific, con un volumen de negocios de 12.3 mil millones de $ ocupa el mismo puesto que Nueva Zelandia, en 1993, Exxon, con 111 mil millones de $ de ventas anuales detenta una riqueza que corresponde a tres veces el PIB de Irlanda.

Pero, no es sólo el peso económico de estas empresas lo que cuenta, es también su peso político. Cada vez más, los grupos y asociaciones de hombres de negocios se implican directamente y actúan como consultantes en las negociaciones económicas en curso a nivel internacional y regional. Esta influencia se manifiesta en las organizaciones patronales mundiales, como la Cámara Internacional de Comercio (CCI), en las organizaciones regionales o nacionales. También se manifiesta en los grupos de presión, las fundaciones y las “usinas de ideas” (“think tanks” como el Institut C.D. Howe, el Conférence Board, el Fraser Institut.

4 – Los movimientos sociales

Por último resta presentar a todos esos grupos, organismos, organizaciones que pertenecen a eso que se designa como la sociedad civil, último protagonista de la mundialización por su importancia, pero el primero en número. El significado de este término es ambiguo, porque la sociedad civil comprende tanto a las personas físicas como morales, por lo tanto, en calidad de personas morales, las grandes empresas formarían parte de esta sociedad civil.

No obstante, cada vez más, se acentúa la idea que la sociedad civil comprende, esencialmente, a los individuos y sus grupos sociales, sindicales, medioambientales u otros.

Algunos de estos movimientos sociales se han implicado desde hace mucho tiempo en la cuestión de los efectos de desborde de los acuerdos de librecambio sobre las poblaciones, las sociedades, sobre las políticas gubernamentales, sobre las relaciones entre los niveles de los gobiernos. Entre estos, el movimiento sindical ha jugado y juega siempre un papel importante que le ha valido, a veces, ser consultado por los gobiernos e, incluso por las organizaciones internacionales, al igual que otras asociaciones y grupos.

Estos últimos años, se han instalado redes internaciones y se han organizado para intercambiar informaciones y análisis, definir plataformas de reivindicaciones y elaborar estrategias comunes. Las reuniones internacionales donde se discute sobre el porvenir del planeta entre representantes de los gobiernos y los del gran capital están cada vez más frecuentemente acompañados por manifestaciones paralelas de representantes de organizaciones populares, sindicales, de mujeres, de pueblos autóctonos, de organizaciones no gubernamentales (ONG), de grupos de defensa del medio ambiente. La última de estas reuniones tuvo lugar en Santiago de Chile en abril de 1998, al margen de la Segunda Cumbre de Jefes de Estado y de gobierno.

La Cumbre popular de las Américas ha servido para echar las bases de una alianza social continental.


es
en
fr
pt

Creative Commons License | Firefox 2 | Seguir la vida del sitio RSS 2.0 | Mapa del sitio | Espacio privado | Contacter Attac France | SPIP